Gran parte de su carrera como actriz está ligada a las tablas de los teatros, aunque si bien es cierto, también ha dado vida a algún personaje en televisión. ¿Qué ha supuesto para Yolanda Arestegui el mundo teatral?
La mitad de mi vida.La verdad es que ahora mismo lo más importante para mí, aparte de mi familia, es mi profesión, para la que me preparé desde muy joven. En la Escuela Superior de Arte de Madrid me instruí en el teatro y, desde luego, es en este mundo en el que disfruto a los personajes de otra forma, ya que tienen un principio y una trayectoria hasta el final. Además, el directo con el público es incomparable. No obstante, siempre digo que en televisión disfruto mucho porque es otra forma de trabajo diferente, pero al mismo tiempo necesaria.

¿Y cuál es el secreto para triunfar en el teatro?
No sabría qué decir. En el teatro no hay reglas a seguir. Como en cualquier otra profesión es un poco la preparación y la suerte. Es cierto que para hacer teatro hay que preparar otras cosas además de la voz y del cuerpo. Desde luego no es lo mismo que tener un micrófono encima de tu cabeza, como ocurre en televisión.

Ha representado numerosas obras teatrales, entre ellas Don Gil de las Calzas Verdes, Historia de una Escalera, La Vida es Sueño...Comedia, tragedia, drama. ¿En qué registro se encuentra como pez en el agua?
No sé. Es maravilloso hacer reír al público porque es muy gratificante, recibes enseguida las risas. Es como un premio a corto plazo, pero también cuando haces un drama los silencios del público son espeluznantes, te sientes también muy bien. Creo que el disfrute se logra cuando estás segura de un trabajo.

Dirigida por Adolfo Marsillach y por Gustavo Pérez-Puig, entre otros, ¿cuál es el personaje que recuerda con más cariño haber interpretado?
Recuerdo con mucho cariño a casi todos, por no decir a todos, pero por citar a alguno en Tres sombreros de copa trabajé por casualidad con Luis Merlo y aquél fue un personaje mágico. De hecho aquella obra fue dirigida por Gustavo Pérez-Puig. Estuvimos en el Teatro Español durante nueve meses con un éxito rotundo y este personaje me llevó a las manos de Adolfo Marsillach. Desde luego fue un personaje del que guardo muchos recuerdos buenos.Durante esos nueve meses me casé con Jesús Cisneros, perdí a mi abuela... La verdad es que para mí fue algo impresionante.

Tras varios meses de gira por toda España llega a Ciudad Real con Sé infiel y no mires con quién, una comedia hilarante con un amplio elenco de actores, entre ellos su marido; Jesús Cisneros. ¿Cómo se lleva eso de compartir escenario y al mismo tiempo matrimonio, por partida doble?
La verdad es que lo llevamos muy bien, bueno, quizás un poquito peor durante los ensayos, ya que éste es un trabajo muy intenso durante un tiempo y los dos somos muy diferentes. Además Jesús tiene mucho trabajo en la producción de la obra. Quizás en esos momentos es cuando más podemos discutir, pero una vez que estamos en escena todo va fenomenal.

¿Y qué tiene de particular esta función?
Quisimos elegir algo que fuese muy divertido, ya que nos apetecía mucho hacer reír al público. Fue entonces cuando pusimos sobre la mesa diferentes funciones hasta que quedaron dos. La verdad es que no la conocía, ni la había visto. Cuando la leí, descubrí que está perfectamente construida y que está todo tan bien enlazado que es delirante. Tiene un ritmo frenético y además es muy divertida, con mucho enredo, con muchos personajes que entran y salen. Desde luego, llegó de forma casual a nuestras manos y, sin lugar a dudas, la estamos disfrutando mucho.

En pocas palabras, ¿cómo definiría la representación?
Como un juguete para divertir al público. Además no tiene ninguna otra pretensión. Es una función muy blanca, los personajes son blancos y en ella no hay ningún tipo de maldades. El enredo viene dado por querer salir del paso.

Infidelidades, enredos, mentiras. A su juicio, ¿qué es lo que más llama la atención del público?
Creo que el enredo. El lío que se arma en un momento dado por querer salir del paso. Todos quieren ser infieles en un momento de la función, pero nadie lo consigue.

En el caso de su personaje, Diana, ¿qué le lleva a la infidelidad?
El enfado con su marido porque él realmente piensa que le es infiel.

Antes hacía mención a los diferentes papeles representados en las series de televisión. El último es el de Sandra Pazos en El Internado. ¿Guarda algún punto en común Diana con Sandra Pazos?
No tienen nada que ver. Son totalmente opuestos. Ésa es otra suerte de esta profesión. Es una suerte poder compaginar un personaje como el de Sandra Pazos, que es mágico, que es una persona que está sufriendo mucho, un alma totalmente blanca y buena a irte al otro extremo, a una persona traviesa, a la que se le da muy bien mentir y que está muy cara a la galería.

Personal y profesionalmente, ¿qué ha supuesto para usted el personaje de Sandra Pazos en El Internado?
Desde luego es un regalo. Sandra Pazos e Irene Espí son un regalo porque el producto me encanta. La serie la veíamos y era fan de ella antes de entrar a hacer el personaje y el día que me llamaron para dar vida a Irene Espí, ni te imaginas. Cuando se lo dije a mis hijas empezaron a gritar. Éste es el personaje que más ilusión les ha hecho que hiciera.

¿Nos puede adelantar algo de su personaje para la próxima temporada?
No puedo decir nada, porque nos tienen casi como al público. Sabemos las cosas un poquito antes de grabar, realmente nos van dando los guiones con cuentagotas. Algo que está muy bien, porque crean ese ambiente de misterio casi real.

¿Y a usted que le gustaría que le ocurriese al personaje de Sandra Pazos?
Pues como a la infinita mayoría de personas, me gustaría que pudiese encontrarse tanto con sus hijos como con su hermano y marido. Creo que sería el final perfecto para esos personajes.

La última. Además del teatro, ¿cuál es su otra gran debilidad?
Me relaja mucho cocinar y cuando tengo un rato me gusta muchísimo estar en la cocina. También me encanta ir al teatro y ver cine. Además adoro el mar y, como no, rebozarme en la arena de la playa.